Sería interesante observar la reacción de muchos maestros
tradicionales —y también de muchos padres de familia— si se les dijera
que los alumnos considerados los aplicados de la clase tienen una
inteligencia promedio.
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Sería interesante observar la reacción de muchos maestros
tradicionales —y también de muchos padres de familia— si se les dijera
que los alumnos considerados los aplicados de la clase tienen una
inteligencia promedio y que los más sobresalientes suelen ser los que
se sientan al fondo del salón, desde la indiferencia o la provocación.
Las características de estos alumnos suelen ser las mismas: “Perezoso,
perturbador, agitado, incapaz de integrarse, molesto para un profesor
que quiere interesar a sus alumnos… descripciones en las que se
percibe una agresividad hacia este niño diferente”, dice Arielle Adda,
psicóloga francesa especializada en niños sobresalientes que pugna por
evitar el profundo malentendido que puede conducir a seres con el don
de la inteligencia, extrema sensibilidad y gran necesidad de afecto a
una fractura con el sistema.
Sobresalientes, altamente sobresalientes, dotados, superdotados…
sutilezas entre las definiciones de unos y otros especialistas
entrevistados para coincidir en que el desempeño de estos niños está
por arriba del promedio y el programa regular en cualquier escuela
—pública o privada— no es suficiente para él, no está atendiendo a sus
necesidades.
Arielle Adda afirma que sólo una tercera parte de los sobresalientes
llega a hacer estudios adaptados a su capacidad; otro tercio hace
estudios inferiores a su talento y una tercera parte más se queda en
el camino. Es claro que muchos sobresalientes se adaptan a la escuela,
tienen numerosos amigos, con frecuencia son líderes naturales y aunque
les aburran las clases compensan con creces lo que se divierten en el
recreo o hallan en su profundo mundo interior.
Janet Sáenz, doctora en educación especializada en el niño
sobresaliente, afirma que en cualquier escuela —sea urbana o rural—
hay de 5 a 15 por ciento de estos niños y si los maestros están
capacitados para reconocerlos, hasta 20 por ciento. “Cuando un
profesor no sabe en qué consiste el término sobresaliente, al pedirle
que diga cuántos niños así tiene en su clase señala al alumno modelo,
aquel que saca buenas calificaciones, nunca se mueve de su lugar,
responde todo de memoria, llena los formatos correctamente, entrega
sus tareas limpias, no sale del molde… y están equivocados. Pero no es
su culpa, no tienen la capacitación que les permitiría
identificarlos.”
Arielle Adda dice que el método más simple para identificar a un niño
sobresaliente es hacer una pregunta sobre un tema aún no abordado en
clase. “Aquel que da la respuesta sin dudar, bajando para tal ocasión
de su nube, es seguramente un sobresaliente. Se repite la experiencia
hasta tener la absoluta certitud, sin hacerlo frecuentemente para no
exponer a este sujeto discreto que tiende a ser reservado.”
Controversia sobre el Coeficiente Intelectual (IQ)
Sáenz desmitifica la noción que suele tomarse como referente: el IQ
(siglas de Intelligence Quotient o Coeficiente Intelectual), al cual
considera una medida obsoleta: “El IQ sólo me indica cómo estaba
funcionando la persona en el momento en que realizó el examen en
desempeño verbal y matemático y no considera otras áreas de la
inteligencia”, y asegura que si se aplica el WISC (prueba maestra para
medir el coeficiente intelectual) a un niño indígena que habla náhuatl
y poco español, eso da una medida que no quiere decir nada, pues las
referencias evaluadas carecen de sentido de un contexto cultural a
otro, incluso dentro de un país.
Adda, por su parte, admite en entrevista las limitantes de las pruebas
para medir la inteligencia, especialmente cuando se trata de
diferentes sistemas culturales; sin embargo, le reconoce al WISC el
mérito, aun si no da un reflejo completo de la inteligencia, de
indicar la manera en que el sujeto la utiliza. “Es la revelación
objetiva de un don intelectual que contribuye a modificar la mirada de
las autoridades escolares por el bien del alumno en cuestión”.
¿Y qué pasa con los niños cuyo talento está entre los no identificados
por esta prueba? “Si un niño es sobresaliente en deportes, por
ejemplo, debe destacar también en las pruebas que miden una buena
orientación espacial. Un buen atleta llega lejos, pues posee
cualidades como juicio y raciocinio, y en un caso así los otros
aspectos que miden estas pruebas nunca serán demasiado bajos”.
Entre los errores de diagnóstico que suelen sumarse a la lista de los
sobresalientes están sus dificultades gráficas, que no es otra cosa
que una asincronía entre la velocidad intelectual y la lentitud en la
ejecución de tareas concretas, pues la mano no responde a la rapidez
del cerebro. Al ignorar el origen de esta torpeza manual suele
asociarse con inmadurez y negligencia, cuando el contenido es
correcto, la atención se desvía hacia el aspecto negativo y no hace
sino acentuar el problema: “Entre la frustración y el enojo, estos
niños dejan de invertirse y la presentación de sus trabajos empeora,
tanto para mostrar su rebeldía como para expresar la tensión que los
atormenta”, dice Adda.
Interrogada sobre otro de los grandes malentendidos de los
sobresalientes, a quienes se les suele diagnosticar Desorden de
Déficit de Atención (DDA) o Desorden de Déficit de Atención con
Hiperactividad (DDAH), Janet Sáenz, fundadora y presidenta de la
Asociación Mexicana para el Apoyo a Sobresalientes (www.geocities.com/amexpas),
advierte que la mayoría de los padres no están bien informados. “La
maestra dice que el alumno es inquieto, incontrolable, interrumpe la
clase, nunca llega con su tarea hecha, pero eso sí, en los exámenes
obtiene buenos resultados y termina primero que todos. Maestros,
directores y psicólogos opinan sobre el caso hasta que se le
diagnostica y se le receta Ritalín (cuando el único autorizado para
hacerlo es un psiquiatra) ’para que el niño mejore en la escuela’ —y
conozco muchos niños en esta situación—. Y sí, he visto a estos niños
calmados, con la mirada vidriosa, cuando el cuadro es probablemente el
de un sobresaliente en una o más de las ocho inteligencias”, afirma
Sáenz con desencanto. (Ver recuadro 1).
Los niños índigo
En el plano metafísico, la versión de los niños índigo presenta
características similares a las de los sobresalientes: elevada
sensibilidad, percepción e intuición, “que van hasta lo extrasensorial,
como la telepatía y la clarividencia. Son capaces de ver el aura,
percibir los espíritus alrededor suyo, así como la energía de personas
y lugares”, explica Sandra Aisenberg en el libro Niños índigo, de la
Colección Infinito. En la misma obra se encuentran diversas
explicaciones sobre el concepto: “El índigo, rayo de la Era de
Acuario, es el más poderoso de todo el espectro (…) La frecuencia
índigo es una cualidad energética que pertenece a un alta vibración
espiritual (…) El cambio en la humanidad será impulsado por los niños.
En estos tiempos, los niños índigo están llegando masivamente a
nuestro planeta con el objetivo de contrarrestar la corriente mental
analítica y generar un salto evolutivo de la especie humana”. Esta
corriente, que cuenta con no pocos adeptos, encierra el riesgo de
atribuir a un poder mágico un don intelectual.
Sin aludir a los índigo, Adda se refiere en su obra Le Livre de
l’enfant doué al pensamiento mágico, y advierte el riesgo de quedarse
con esta interpretación: “Cuando éste predomina se vuelve nefasto,
pues disimula la noción de esfuerzo, deja creer que el éxito es una
cuestión de poder casi oculto”. La especialista, que ha trabajado por
más de 30 años con sobresalientes, observa que es fácil refugiarse en
esta idea al confrontar la noción de los límites, aspecto sensible
para estos niños, quienes se sienten atraídos por múltiples
actividades de las cuales suelen desinteresarse demasiado rápido. Esta
huida, explica, es la reacción ante el esfuerzo que implica el avance
en cualquier aprendizaje, lo cual pone en entredicho lo que hasta
ahora ha logrado con tanta facilidad, aspecto que reviste una
importancia capital, pues siempre temen perder sus dones. “La reacción
más eficaz es desvincular el don intelectual del aspecto mágico,
explicarle que es un ser humano, falible y frágil, y que debe
ejercitar la fuerza que siente en él para que no lo abandone.”
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El desmoronamiento
Cuando se piensa que la inteligencia debe servir para facilitar los
estudios, los resultados mediocres inspiran el típico comentario de
que no está dando toda su capacidad. Y es paradójicamente la excesiva
facilidad con la que los sobresalientes captan las cosas la causa de
su fracaso escolar, pues no tienen método para aprender y no saben
trabajar seriamente en una materia escolar que no les interesa. “Es la
trampa a evitar —insiste Adda—, especialmente dañina, pues pasa
inadvertida y cuando se le detecta puede ser demasiado tarde”. Esto se
detona particularmente en secundaria, cuando ha dejado de tener un
solo maestro que evalúa el conjunto de sus cualidades y ahora diversos
profesores lo califican, lo cual aunado a la adolescencia, induce a
confundir los síntomas de lo que puede estar sucediendo si no se
conoce esta problemática.
“Para entonces, los automatismos de la memoria, que nunca fue
realmente ejercitada en la primaria, así como sus rápidas reflexiones
que otras veces le fueron útiles para paliar la carencia en la técnica
de estudio, dejan de compensar las lagunas de conocimientos que ahora
son evidentes. Le sigue casi inexorablemente el duelo de sí mismo, la
pérdida de confianza, su narcisismo está maltratado, el alumno en
fracaso se vuelve agresivo y malo por desprecio. Los traspiés de tal
proceso son con frecuencia dramáticos, y si se prolongan, la
existencia entera puede verse marcada”.
En el extremo de la devaluación personal, sus dudas y un ambiente
cambiante —pues mientras tanto puede haber repetido año o cambiado de
escuela y haber perdido a sus amigos—, cuando la realidad no le ofrece
más la posibilidad de colmar sus deseos y se siente rechazado e
incomprendido, suele sustraerse a las rivalidades de alumnos menos
brillantes pero más ambiciosos.
Arielle Adda afirma que “la ruptura tiene lugar generalmente en el
momento de la confrontación del niño dotado con la sociedad y sus
representantes, y las dificultades escolares lo ponen de relieve. El
sujeto vive un proceso de exclusión que provoca a su vez un desastre
afectivo. Llega a renunciar al gusto por el conocimiento y termina en
el conformismo, enmascarando su duelo en el ejercicio compulsivo de
juegos desenfrenados, entre ellos la droga, que ofrece un escape
seductor”. El desenlace de la historia depende de los recursos
familiares —no necesariamente económicos— para ayudar al sobresaliente
en cuestión, para lo cual se requiere información, empeño y
creatividad.
Padres y maestros, ¿qué hacer?
Janet Sáenz afirma categórica que el ámbito ideal para estos niños es
en casa y sólo en segundo lugar la escuela. “Un maestro con 30 alumnos
no puede darse cuenta de los intereses de cada niño ni estimularlos.
Son los padres, así trabajen, los que conocen mejor a sus hijos y
tienen con ellos una relación privilegiada. Para el profesorado es
importante señalar que no basta con identificar a los sobresalientes
de una clase para apoyarlos —y menos si están en dificultades
escolares—, pues se requiere de técnicas adaptadas a sus necesidades”.
Claire Jidouard, quien dirige una escuela al oeste de París orientada
al rescate de sobresalientes en plena crisis, afirma que la esencia de
su sistema pedagógico está basado en el alumno como persona. “Tengo
alumnos que han sido llevados por la mala en el más amplio sentido:
negados, traumatizados, lastimados, y lo peor es que ellos mismos se
han dejado mutilar por el sistema de enseñanza tradicional. Lo primero
es sanar la herida y abordar el aprendizaje desde varios ángulos:
autonomía, escucha, interacción y comprensión de las materias”.
Durante los últimos cinco años Janet Sáenz se ha dedicado a impartir
cursos de capacitación a aproximadamente 5 mil maestros en escuelas
públicas y privadas en la República mexicana. La tesis de esta
especialista en educación, quien se niega a atender casos en un
consultorio y argumenta que la única manera de lograr cambios es
capacitando a los maestros en forma masiva, consiste en profundizar
los niveles de pensamiento mediante una serie de técnicas aplicables a
cualquier escuela, sea rural o rubana, cuente o no con recursos
económicos.
En su opinión, las alternativas en México para canalizar adecuadamente
a niños sobresalientes son más bien alentadoras, más en las zonas
rurales que en las urbanas, donde los multigrados (primarias unitarias
–una maestra con seis grados en un salón– y bidocentes –una maestra
para los tres primeros años de primaria y otra para los otros tres–),
así como la telesecundaria, suelen ofrecer las condiciones ideales
para que un alumno avance tan lejos como le sea posible.
“Si se trata de un adolescente altamente sobresaliente —es decir, que
destaca en más de una inteligencia— y no hay una opción cercana, en
muchos casos recomiendo que lo saquen de la escuela, contraten a un
tutor del Instituto Nacional de Educación para Adultos (INEA), lo cual
permite acelerar los estudios. Estudiar en casa es mucho más fácil de
lo que la gente piensa”, afirma Sáenz. En Estados Unidos, esta
tendencia educativa (homeschool) se ha quintuplicado en los últimos
diez años y ha dado positivos resultados: estos estudiantes obtienen
calificaciones superiores de 15 por ciento a 25 por ciento en
comparación con quienes asisten a una escuela, y múltiples estudios
muestran que tienen un mejor concepto de sí mismos.
Sáenz parte del concepto de las inteligencias múltiples definidas por
el investigador Howard Gardner, de la Universidad de Harvard, que ha
incorporado como parte esencial de la capacitación que imparte a
maestros en toda la República mexicana. “Gardner propone incluirlas en
el currículum para abarcar a todos los tipos de alumnos y su potencial
de aprendizaje. Su aplicación enriquecerá el compromiso del estudiante
y estimulará el desarrollo de altos niveles de pensamiento. Es
indispensable desarrollar un ambiente de mucha motivación”. Sáenz está
consciente de que la formación que imparte a maestros en todo México
implica cambios profundos y constata, al igual que Arielle Adda, que
en el ámbito educativo abundan las mentes cerradas. “Las palabras
flexible, creativo e innovador son ajenas a estas personas. Y no
puedes hacer ningún cambio en una escuela donde los directivos no
están abiertos a otras ideas. No me gusta dar clases a maestros si no
vienen sus directivos a tomar las mismas sesiones, pues no le
permitirán al maestro aplicar innovaciones.”
Psicólogos y educadores consultados para este reportaje coinciden en
la conveniencia de saltar años, pues la primaria resulta demasiado
larga para los sobresalientes. ¿Resulta difícil para los más jóvenes
convivir con estudiantes de más edad? “¡Al contrario! —afirma Sáenz—
Después de años de frustración encuentran por fin a alguien con quien
debatir y compartir ideas. Hay numerosas investigaciones al respecto
en Estados Unidos, donde 45 universidades reciben niños. Hay aspectos
delicados, que pueden manejarse más fácilmente a través un consejo que
se reúne cada seis semanas y está integrado por los padres; el rector,
director o jefe del departamento donde el niño estudia; un experto
pedagógico y una psicóloga externos, y los maestros de la materias
impartidas. Ésta es mi recomendación con base en lo que se está
haciendo en otros países”.
Identificar a los sobresalientes y altamente sobresalientes, entender
sus carencias y necesidades, permite a padres y maestros fomentar el
florecimiento de sus dones y reconciliarlos con el sistema antes de
verlos diluirse en él.
Tipo de inteligencia
Inteligencia verbal/lingüística: capacidad de ser sensible a las
estructuras lingüísticas bajo todas sus formas.
Inteligencia visual espacial: capacidad de crear imágenes mentales y
percibir el mundo visible con precisión en sus tres dimensiones.
Ingeligencia lógico/matemática: Capacidad de razonar, calcular,
ordenar y razonar lógicamente.
Inteligencia musical/rítmica: Capacidad de ser sensible a las
estructuras rítmicas y musicales.
Inteligencia quinestésica/corporal: Capacidad de mover el cuerpo de
una manera fina y elaborada, expresarse a través del movimiento, ser
hábil con los objetos.
Inteligencia interpersonal: Capacidad de relacionarse con los demás.
Inteligencia intrapersonal: Capacidad de tener un buen conocimiento de
sí mismo.
Inteligencia de la naturaleza: Capacidad de reconocer y clasificar
formas y estructuras en la naturaleza, bajo sus formas mineral,
vegetal y animal.
Cómo estimularla en la escuela
Ejercer el lenguaje a través de diversas formas: lectura, escritura,
oratoria, fonética, ortografía y composición son tareas que forman
parte de esta inteligencia.
Visualizar las tres dimensiones de la realidad: planeación
arquitectónica, orientación con mapas y pistas, planear y resolver
laberintos, imaginar mapas de historias y planear proyectos
tridimensionales.
Hacer secuencias, seguir el pensamiento científico, analizar
causa-efecto, ejercer el razonamiento matemático y el sentido
numérico.
Cantar, bailar, escuchar y reaccionar a la música. Desarrollar la
habilidad de distinguir tono, intensidad, melodía y ritmo. Crear
rimas, componer piezas de rap, cantos, danzas y versos para saltar la
cuerda.
Desarrollar el tacto y el movimiento: ejercicios matemáticos y
ciencias manipulativas, gimnasia, mímica y muchas manifestaciones
físicas y artísticas, como excursiones, visitas a exposiciones, etc.
Fomentar empatía y relaciones con otros seres humanos. Aprender en
equipo, entrevistar, leer, elaborar conclusiones basadas en lenguaje
oral y corporal; discutir y resolver problemas en grupo.
Tomar conciencia de intereses personales, habilidades y capacidades.
Metacognición, procesos de autoevaluación, desarrollo de autoestima.
Observar, explorar y coleccionar todas las maravillas halladas en la
naturaleza. Excursiones a zoológicos, museos y planetarios contribuyen
a ampliar este universo.
Ilustraciones: Moisés Butze