La paradoja de los niños superdotados
 16-Oct-03
Sería interesante observar la reacción de muchos maestros tradicionales —y también de muchos padres de familia— si se les dijera que los alumnos considerados los aplicados de la clase tienen una inteligencia promedio.
 

 Sería interesante observar la reacción de muchos maestros tradicionales —y también de muchos padres de familia— si se les dijera que los alumnos considerados los aplicados de la clase tienen una inteligencia promedio y que los más sobresalientes suelen ser los que se sientan al fondo del salón, desde la indiferencia o la provocación. Las características de estos alumnos suelen ser las mismas: “Perezoso, perturbador, agitado, incapaz de integrarse, molesto para un profesor que quiere interesar a sus alumnos… descripciones en las que se percibe una agresividad hacia este niño diferente”, dice Arielle Adda, psicóloga francesa especializada en niños sobresalientes que pugna por evitar el profundo malentendido que puede conducir a seres con el don de la inteligencia, extrema sensibilidad y gran necesidad de afecto a una fractura con el sistema.

Sobresalientes, altamente sobresalientes, dotados, superdotados… sutilezas entre las definiciones de unos y otros especialistas entrevistados para coincidir en que el desempeño de estos niños está por arriba del promedio y el programa regular en cualquier escuela —pública o privada— no es suficiente para él, no está atendiendo a sus necesidades.

Arielle Adda afirma que sólo una tercera parte de los sobresalientes llega a hacer estudios adaptados a su capacidad; otro tercio hace estudios inferiores a su talento y una tercera parte más se queda en el camino. Es claro que muchos sobresalientes se adaptan a la escuela, tienen numerosos amigos, con frecuencia son líderes naturales y aunque les aburran las clases compensan con creces lo que se divierten en el recreo o hallan en su profundo mundo interior.

Janet Sáenz, doctora en educación especializada en el niño sobresaliente, afirma que en cualquier escuela —sea urbana o rural— hay de 5 a 15 por ciento de estos niños y si los maestros están capacitados para reconocerlos, hasta 20 por ciento. “Cuando un profesor no sabe en qué consiste el término sobresaliente, al pedirle que diga cuántos niños así tiene en su clase señala al alumno modelo, aquel que saca buenas calificaciones, nunca se mueve de su lugar, responde todo de memoria, llena los formatos correctamente, entrega sus tareas limpias, no sale del molde… y están equivocados. Pero no es su culpa, no tienen la capacitación que les permitiría identificarlos.”

Arielle Adda dice que el método más simple para identificar a un niño sobresaliente es hacer una pregunta sobre un tema aún no abordado en clase. “Aquel que da la respuesta sin dudar, bajando para tal ocasión de su nube, es seguramente un sobresaliente. Se repite la experiencia hasta tener la absoluta certitud, sin hacerlo frecuentemente para no exponer a este sujeto discreto que tiende a ser reservado.”

Controversia sobre el Coeficiente Intelectual (IQ)

Sáenz desmitifica la noción que suele tomarse como referente: el IQ (siglas de Intelligence Quotient o Coeficiente Intelectual), al cual considera una medida obsoleta: “El IQ sólo me indica cómo estaba funcionando la persona en el momento en que realizó el examen en desempeño verbal y matemático y no considera otras áreas de la inteligencia”, y asegura que si se aplica el WISC (prueba maestra para medir el coeficiente intelectual) a un niño indígena que habla náhuatl y poco español, eso da una medida que no quiere decir nada, pues las referencias evaluadas carecen de sentido de un contexto cultural a otro, incluso dentro de un país.

Adda, por su parte, admite en entrevista las limitantes de las pruebas para medir la inteligencia, especialmente cuando se trata de diferentes sistemas culturales; sin embargo, le reconoce al WISC el mérito, aun si no da un reflejo completo de la inteligencia, de indicar la manera en que el sujeto la utiliza. “Es la revelación objetiva de un don intelectual que contribuye a modificar la mirada de las autoridades escolares por el bien del alumno en cuestión”.

¿Y qué pasa con los niños cuyo talento está entre los no identificados por esta prueba? “Si un niño es sobresaliente en deportes, por ejemplo, debe destacar también en las pruebas que miden una buena orientación espacial. Un buen atleta llega lejos, pues posee cualidades como juicio y raciocinio, y en un caso así los otros aspectos que miden estas pruebas nunca serán demasiado bajos”.

Entre los errores de diagnóstico que suelen sumarse a la lista de los sobresalientes están sus dificultades gráficas, que no es otra cosa que una asincronía entre la velocidad intelectual y la lentitud en la ejecución de tareas concretas, pues la mano no responde a la rapidez del cerebro. Al ignorar el origen de esta torpeza manual suele asociarse con inmadurez y negligencia, cuando el contenido es correcto, la atención se desvía hacia el aspecto negativo y no hace sino acentuar el problema: “Entre la frustración y el enojo, estos niños dejan de invertirse y la presentación de sus trabajos empeora, tanto para mostrar su rebeldía como para expresar la tensión que los atormenta”, dice Adda.

Interrogada sobre otro de los grandes malentendidos de los sobresalientes, a quienes se les suele diagnosticar Desorden de Déficit de Atención (DDA) o Desorden de Déficit de Atención con Hiperactividad (DDAH), Janet Sáenz, fundadora y presidenta de la Asociación Mexicana para el Apoyo a Sobresalientes (www.geocities.com/amexpas), advierte que la mayoría de los padres no están bien informados. “La maestra dice que el alumno es inquieto, incontrolable, interrumpe la clase, nunca llega con su tarea hecha, pero eso sí, en los exámenes obtiene buenos resultados y termina primero que todos. Maestros, directores y psicólogos opinan sobre el caso hasta que se le diagnostica y se le receta Ritalín (cuando el único autorizado para hacerlo es un psiquiatra) ’para que el niño mejore en la escuela’ —y conozco muchos niños en esta situación—. Y sí, he visto a estos niños calmados, con la mirada vidriosa, cuando el cuadro es probablemente el de un sobresaliente en una o más de las ocho inteligencias”, afirma Sáenz con desencanto. (Ver recuadro 1).

Los niños índigo

En el plano metafísico, la versión de los niños índigo presenta características similares a las de los sobresalientes: elevada sensibilidad, percepción e intuición, “que van hasta lo extrasensorial, como la telepatía y la clarividencia. Son capaces de ver el aura, percibir los espíritus alrededor suyo, así como la energía de personas y lugares”, explica Sandra Aisenberg en el libro Niños índigo, de la Colección Infinito. En la misma obra se encuentran diversas explicaciones sobre el concepto: “El índigo, rayo de la Era de Acuario, es el más poderoso de todo el espectro (…) La frecuencia índigo es una cualidad energética que pertenece a un alta vibración espiritual (…) El cambio en la humanidad será impulsado por los niños. En estos tiempos, los niños índigo están llegando masivamente a nuestro planeta con el objetivo de contrarrestar la corriente mental analítica y generar un salto evolutivo de la especie humana”. Esta corriente, que cuenta con no pocos adeptos, encierra el riesgo de atribuir a un poder mágico un don intelectual.

Sin aludir a los índigo, Adda se refiere en su obra Le Livre de l’enfant doué al pensamiento mágico, y advierte el riesgo de quedarse con esta interpretación: “Cuando éste predomina se vuelve nefasto, pues disimula la noción de esfuerzo, deja creer que el éxito es una cuestión de poder casi oculto”. La especialista, que ha trabajado por más de 30 años con sobresalientes, observa que es fácil refugiarse en esta idea al confrontar la noción de los límites, aspecto sensible para estos niños, quienes se sienten atraídos por múltiples actividades de las cuales suelen desinteresarse demasiado rápido. Esta huida, explica, es la reacción ante el esfuerzo que implica el avance en cualquier aprendizaje, lo cual pone en entredicho lo que hasta ahora ha logrado con tanta facilidad, aspecto que reviste una importancia capital, pues siempre temen perder sus dones. “La reacción más eficaz es desvincular el don intelectual del aspecto mágico, explicarle que es un ser humano, falible y frágil, y que debe ejercitar la fuerza que siente en él para que no lo abandone.”

 

 
 



El desmoronamiento

Cuando se piensa que la inteligencia debe servir para facilitar los estudios, los resultados mediocres inspiran el típico comentario de que no está dando toda su capacidad. Y es paradójicamente la excesiva facilidad con la que los sobresalientes captan las cosas la causa de su fracaso escolar, pues no tienen método para aprender y no saben trabajar seriamente en una materia escolar que no les interesa. “Es la trampa a evitar —insiste Adda—, especialmente dañina, pues pasa inadvertida y cuando se le detecta puede ser demasiado tarde”. Esto se detona particularmente en secundaria, cuando ha dejado de tener un solo maestro que evalúa el conjunto de sus cualidades y ahora diversos profesores lo califican, lo cual aunado a la adolescencia, induce a confundir los síntomas de lo que puede estar sucediendo si no se conoce esta problemática.

“Para entonces, los automatismos de la memoria, que nunca fue realmente ejercitada en la primaria, así como sus rápidas reflexiones que otras veces le fueron útiles para paliar la carencia en la técnica de estudio, dejan de compensar las lagunas de conocimientos que ahora son evidentes. Le sigue casi inexorablemente el duelo de sí mismo, la pérdida de confianza, su narcisismo está maltratado, el alumno en fracaso se vuelve agresivo y malo por desprecio. Los traspiés de tal proceso son con frecuencia dramáticos, y si se prolongan, la existencia entera puede verse marcada”.

En el extremo de la devaluación personal, sus dudas y un ambiente cambiante —pues mientras tanto puede haber repetido año o cambiado de escuela y haber perdido a sus amigos—, cuando la realidad no le ofrece más la posibilidad de colmar sus deseos y se siente rechazado e incomprendido, suele sustraerse a las rivalidades de alumnos menos brillantes pero más ambiciosos.

Arielle Adda afirma que “la ruptura tiene lugar generalmente en el momento de la confrontación del niño dotado con la sociedad y sus representantes, y las dificultades escolares lo ponen de relieve. El sujeto vive un proceso de exclusión que provoca a su vez un desastre afectivo. Llega a renunciar al gusto por el conocimiento y termina en el conformismo, enmascarando su duelo en el ejercicio compulsivo de juegos desenfrenados, entre ellos la droga, que ofrece un escape seductor”. El desenlace de la historia depende de los recursos familiares —no necesariamente económicos— para ayudar al sobresaliente en cuestión, para lo cual se requiere información, empeño y creatividad.

Padres y maestros, ¿qué hacer?

Janet Sáenz afirma categórica que el ámbito ideal para estos niños es en casa y sólo en segundo lugar la escuela. “Un maestro con 30 alumnos no puede darse cuenta de los intereses de cada niño ni estimularlos. Son los padres, así trabajen, los que conocen mejor a sus hijos y tienen con ellos una relación privilegiada. Para el profesorado es importante señalar que no basta con identificar a los sobresalientes de una clase para apoyarlos —y menos si están en dificultades escolares—, pues se requiere de técnicas adaptadas a sus necesidades”. Claire Jidouard, quien dirige una escuela al oeste de París orientada al rescate de sobresalientes en plena crisis, afirma que la esencia de su sistema pedagógico está basado en el alumno como persona. “Tengo alumnos que han sido llevados por la mala en el más amplio sentido: negados, traumatizados, lastimados, y lo peor es que ellos mismos se han dejado mutilar por el sistema de enseñanza tradicional. Lo primero es sanar la herida y abordar el aprendizaje desde varios ángulos: autonomía, escucha, interacción y comprensión de las materias”.

Durante los últimos cinco años Janet Sáenz se ha dedicado a impartir cursos de capacitación a aproximadamente 5 mil maestros en escuelas públicas y privadas en la República mexicana. La tesis de esta especialista en educación, quien se niega a atender casos en un consultorio y argumenta que la única manera de lograr cambios es capacitando a los maestros en forma masiva, consiste en profundizar los niveles de pensamiento mediante una serie de técnicas aplicables a cualquier escuela, sea rural o rubana, cuente o no con recursos económicos.

En su opinión, las alternativas en México para canalizar adecuadamente a niños sobresalientes son más bien alentadoras, más en las zonas rurales que en las urbanas, donde los multigrados (primarias unitarias –una maestra con seis grados en un salón– y bidocentes –una maestra para los tres primeros años de primaria y otra para los otros tres–), así como la telesecundaria, suelen ofrecer las condiciones ideales para que un alumno avance tan lejos como le sea posible.

“Si se trata de un adolescente altamente sobresaliente —es decir, que destaca en más de una inteligencia— y no hay una opción cercana, en muchos casos recomiendo que lo saquen de la escuela, contraten a un tutor del Instituto Nacional de Educación para Adultos (INEA), lo cual permite acelerar los estudios. Estudiar en casa es mucho más fácil de lo que la gente piensa”, afirma Sáenz. En Estados Unidos, esta tendencia educativa (homeschool) se ha quintuplicado en los últimos diez años y ha dado positivos resultados: estos estudiantes obtienen calificaciones superiores de 15 por ciento a 25 por ciento en comparación con quienes asisten a una escuela, y múltiples estudios muestran que tienen un mejor concepto de sí mismos.

Sáenz parte del concepto de las inteligencias múltiples definidas por el investigador Howard Gardner, de la Universidad de Harvard, que ha incorporado como parte esencial de la capacitación que imparte a maestros en toda la República mexicana. “Gardner propone incluirlas en el currículum para abarcar a todos los tipos de alumnos y su potencial de aprendizaje. Su aplicación enriquecerá el compromiso del estudiante y estimulará el desarrollo de altos niveles de pensamiento. Es indispensable desarrollar un ambiente de mucha motivación”. Sáenz está consciente de que la formación que imparte a maestros en todo México implica cambios profundos y constata, al igual que Arielle Adda, que en el ámbito educativo abundan las mentes cerradas. “Las palabras flexible, creativo e innovador son ajenas a estas personas. Y no puedes hacer ningún cambio en una escuela donde los directivos no están abiertos a otras ideas. No me gusta dar clases a maestros si no vienen sus directivos a tomar las mismas sesiones, pues no le permitirán al maestro aplicar innovaciones.”

Psicólogos y educadores consultados para este reportaje coinciden en la conveniencia de saltar años, pues la primaria resulta demasiado larga para los sobresalientes. ¿Resulta difícil para los más jóvenes convivir con estudiantes de más edad? “¡Al contrario! —afirma Sáenz— Después de años de frustración encuentran por fin a alguien con quien debatir y compartir ideas. Hay numerosas investigaciones al respecto en Estados Unidos, donde 45 universidades reciben niños. Hay aspectos delicados, que pueden manejarse más fácilmente a través un consejo que se reúne cada seis semanas y está integrado por los padres; el rector, director o jefe del departamento donde el niño estudia; un experto pedagógico y una psicóloga externos, y los maestros de la materias impartidas. Ésta es mi recomendación con base en lo que se está haciendo en otros países”.

Identificar a los sobresalientes y altamente sobresalientes, entender sus carencias y necesidades, permite a padres y maestros fomentar el florecimiento de sus dones y reconciliarlos con el sistema antes de verlos diluirse en él.

Tipo de inteligencia

Inteligencia verbal/lingüística: capacidad de ser sensible a las estructuras lingüísticas bajo todas sus formas.

Inteligencia visual espacial: capacidad de crear imágenes mentales y percibir el mundo visible con precisión en sus tres dimensiones.

Ingeligencia lógico/matemática: Capacidad de razonar, calcular, ordenar y razonar lógicamente.

Inteligencia musical/rítmica: Capacidad de ser sensible a las estructuras rítmicas y musicales.

Inteligencia quinestésica/corporal: Capacidad de mover el cuerpo de una manera fina y elaborada, expresarse a través del movimiento, ser hábil con los objetos.

Inteligencia interpersonal: Capacidad de relacionarse con los demás.

Inteligencia intrapersonal: Capacidad de tener un buen conocimiento de sí mismo.

Inteligencia de la naturaleza: Capacidad de reconocer y clasificar formas y estructuras en la naturaleza, bajo sus formas mineral, vegetal y animal.

Cómo estimularla en la escuela

Ejercer el lenguaje a través de diversas formas: lectura, escritura, oratoria, fonética, ortografía y composición son tareas que forman parte de esta inteligencia.

Visualizar las tres dimensiones de la realidad: planeación arquitectónica, orientación con mapas y pistas, planear y resolver laberintos, imaginar mapas de historias y planear proyectos tridimensionales.

Hacer secuencias, seguir el pensamiento científico, analizar causa-efecto, ejercer el razonamiento matemático y el sentido numérico.

Cantar, bailar, escuchar y reaccionar a la música. Desarrollar la habilidad de distinguir tono, intensidad, melodía y ritmo. Crear rimas, componer piezas de rap, cantos, danzas y versos para saltar la cuerda.

Desarrollar el tacto y el movimiento: ejercicios matemáticos y ciencias manipulativas, gimnasia, mímica y muchas manifestaciones físicas y artísticas, como excursiones, visitas a exposiciones, etc.

Fomentar empatía y relaciones con otros seres humanos. Aprender en equipo, entrevistar, leer, elaborar conclusiones basadas en lenguaje oral y corporal; discutir y resolver problemas en grupo.

Tomar conciencia de intereses personales, habilidades y capacidades. Metacognición, procesos de autoevaluación, desarrollo de autoestima.

Observar, explorar y coleccionar todas las maravillas halladas en la naturaleza. Excursiones a zoológicos, museos y planetarios contribuyen a ampliar este universo.
Ilustraciones: Moisés Butze


Eva Muñoz-Ledo